Los 22 kilómetros que ofrece Pinamar, abre un panorama amplio para quien no puede quedarse quieto bajo la sombrilla. La brisa marina que caracteriza esta zona de la costa genera condiciones ideales para deportes que necesitan viento, mientras que las dunas que rodean la ciudad ofrecen terreno perfecto para aventuras fuera del agua. 

Kitesurf y windsurf: aprovechando el viento constante

El viento en Pinamar no es casualidad estacional, es una constante que convirtió al balneario en punto de encuentro para kitesurfistas y windsurfistas. Quienes deseen organizar una escapada de deportes extremos pueden conseguir micros a Pinamar desde Buenos Aires o cualquier punto del país.

El kitesurf combina surf con parapente: consiste en deslizarse en una tabla sujeto a un arnés mientras una cometa gigante se impulsa aprovechando las rachas de viento. Requiere práctica y conocer bien el equipo, pero varias escuelas en la zona ofrecen cursos intensivos para principiantes.

El windsurf es otra opción muy elegida, pero aunque también dependa del viento, resulta un poco más accesible para quien recién empieza. La tabla que se utiliza acá es más grande que en el surf tradicional, y la vela permite maniobrar sin depender solo de las olas.

Surf tradicional y paddle surf

Las playas de Pinamar ofrecen olas medias que funcionan bien para practicar el clásico surf sin llegar a lo extremo de otros puntos de la costa atlántica. Varias escuelas dan clases durante toda la temporada, con equipos incluidos en el paquete.

Una novedad que ha ganado terreno en los últimos años es el paddle surf o stand up paddle. La actividad consiste en deslizarse de pie sobre una tabla más grande, con el impulso de un remo. Aquí no se necesita ni viento ni un oleaje fuerte, lo que lo convierte en opción viable incluso en días calmos. 

Sandboard, cuatriciclos y cabalgatas en las dunas

Fuera del agua, las dunas ofrecen una opción para practicar sandboard. Esta actividad funciona igual que snowboard, pero sobre arena. Los médanos que se encuentran al norte y sur de Pinamar pueden alcanzar hasta 30 metros de altura, generando descensos que permiten esa mezcla de vértigo y diversión. 

Un clásico de las actividades de la costa son los cuatriciclos con los que se pueden recorrer senderos entre médanos y bosques de pinos. Hay excursiones guiadas que duran entre una y tres horas, pasando por zonas donde el paisaje cambia constantemente. Las cabalgatas son opción para quienes prefieren otro ritmo: varios establecimientos ofrecen caballos mansos para paseos tranquilos o ejemplares más experimentados para jinetes con práctica.

Ciclismo entre los senderos de pinos y golf

Los bosques de pinos que caracterizan a Pinamar tienen senderos diseñados para practicar mountain bike. En la ciudad se encuentran varios locales que alquilan equipos para recorrer circuitos que llegan a conectar Pinamar con Ostende y Cariló, permitiendo paseos largos entre localidades.

Para los que eligen un deporte más tranquilo y relajado como lo es el golf, en la zona se encuentran tres campos de excelencia: Cariló Golf (probablemente el más reconocido) y otras opciones en Pinamar y Valeria del Mar. La oferta de los deportes tradicionales se completa con una amplia diversidad de canchas de tenis en polvo de ladrillo, cemento y césped.

La ciudad costera de Pinamar demostró que puede ser más que un balneario tranquilo. No solo es el destino que miles de familia eligen para veranear cada año, sino que también armó una infraestructura concreta para que los inquietos tengan donde descargar energía a través del deporte.