Domingo del Cuerpo y la Sangre de Cristo- Exodo 24,3-8; Hebr. 9,11-15; Marcos 14,12-16. 22-26. La palabra del padre Cura.

Buen domingo, familia. Hoy, bajoneados y apenados a causa de la pandemia, nos reunimos simbólicamente en nuestras casas con todos los que amamos, para fortalecer nuestra fe y alimentar la esperanza. Alrededor de una mesa con pan y una copa de vino hacemos memoria de la Pascua de Cristo: el que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna… permanece en mí y yo en él (Juan 6,51-58).

Cuenta una antigua leyenda que el pelícano devolvía la vida a sus hijos muertos hiriéndose a sí mismo y rociándolos con su sangre. Esta imagen fue aplicada desde muy antiguo por los cristianos a Jesucristo. Pero Él hizo más: derramó hasta la última gota por cada uno de nosotros, como si fuéramos lo único que existiera en la tierra: Éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados, dijo Jesús en la Ultima Cena, y ordenó: Hagan esto en memoria mía.

La Eucaristía es signo vivo de la alianza, o sea de la comunión entre Dios y la humanidad. Nos invita a redescubrir el alma profunda de cada creyente, en diálogo con Dios, a través del pan y el vino de la Cena del Señor. Interroga la vieja tierra, te responderá siempre con el pan y con el vino, escribía Claudel: Dios se comunica a través de los signos más universales y humanos. En efecto: sentarse a la mesa, es signo de amistad y expresión de comunidad de vida. Y compartir el pan con el prójimo es gesto de caridad y cercanía que nos compromete a solidarizarnos con todos los que Jesús mismo privilegió: los pobres, los afligidos, los marginados, los más frágiles, los niños, los ancianos y todos los afectados por la pandemia que nos aqueja.

Terminamos con esta estrofa de un himno litúrgico: Gracias, Señor, que el Pan de tu Palabra, nos llega por tu amor pan verdadero; gracias, Señor, que el Pan de Vida nueva, nos llega por tu amor, partido y tierno. Te pedimos Padre bueno que nos bendigas y que nunca nos falte este Pan y el pan de cada día en ninguna mesa. Amén