Marcelo Tordomar es ingeniero, pero se convirtió en maratonista extremo como “un cable a tierra”. A los 56 años, ya corrió 7 de las 25 carreras más extremas del mundo. “Todavía me faltan 18”, bromea.

“Para mí es un cable a tierra. Soy ingeniero, estoy siempre detrás de un escritorio, por eso es una forma de canalizar el estrés”, detalló. Y contó que “a los 25 años empecé a correr. En 2008 en un avión vi un video del Desafío de los Volcanes. Así que quise hacer eso. Al otro año me anoté en el Cruce de los Andes. Ese fue el disparador.”

Después “hice un listado de las 25 carreras más extremas del mundo. La del Lago Baikal en Siberia fue la número 7, todavía me faltan 18,” agregó.

Con respecto a la preparación física necesaria para encarar estos desafíos extremos, apuntó que “lo fundamental es tener una rutina de 50 o 60 kilómetros por semana.”

Pasaron ya 10 años desde que comenzó con estos desafíos extremos. Relató que por ejemplo “en el Sahara además de la temperatura está la falta de humedad, transpirás y te deshidratás sin darte cuenta. Además de la distancia, fueron 150 kilómetros en 6 días.

Una de las cuestiones que considera más importante y lo “divierte” es la planificación. Contó que para la del Sahara estuvo 6 meses planificando.

“Un tema crítico es la mochila que vas a llevar, porque son 6 días de autosuficiencia. Tenés que preparar todo lo que vas a necesitar, excepto el agua que te la da la organización.”

Agregó que “En Siberia con 25 grados bajo cero había que tener mucho cuidado, más que nada por el peligro del congelamiento. Otro desafío parecido al del Sahara es el de la jungla, en el Amazonas. Ahí es todo humedad. Con el 100% transpirás y no se evapora, entonces no te enfriás. El cuerpo se va calentando y podés llegar a temperaturas muy peligrosas. Así que tenés que buscar formas de enfriarte, una sombra, un arroyo.”

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