Las campañas de vacunación contra el coronavirus tienen que planificar la cadena de frío. Es que las vacunas deben almacenarse a muy baja temperatura para sostener la acción del principio activo.

Todas las vacunas necesitan refrigeración, ya sea porque usen tecnología ARN mensajero del virus, virus atenuado o vectores virales. En cualquier caso, es necesario que las dosis de la vacuna estén refrigeradas. En el caso de la vacuna de Moderna se puede almacenar a -20°C, mientras que la de Pfizer/BioNTech necesita congelarse a -70°C, una temperatura tan fría como el clima polar de la Antártida. Para este caso son necesarios freezers muy exigentes y caros.

¿Qué pasa si se corta la cadena de frío?

Es importante tener en cuenta que si una persona recibe una vacuna que no estuvo debidamente refrigerada, no va a sufrir daños a su salud. Pero la vacuna perderá su efectividad y no la protegerá. Por eso es tan importante planificar primero la llamada cadena de frío. También hay que asegurarse de que esa cadena esté intacta y operativa.

Con relación al transporte de los paquetes térmicos con la vacuna, van a salir de puntos de distribución estratégicos por vía aérea o terrestre con no más de dos días de tiempo de tránsito.

Debido a las eventualidades que puedan surgir en el transporte, Pfizer diseñó un paquete con hielo seco que asegura una temperatura de menos 70 grados centígrados hasta por 10 días. Tiene un sensor que informa constantemente por vía GPS, que la temperatura interna del paquete sea la adecuada.