El destacado director teatral contó en la 97 su anécdota preferida.
“Cuando uno es niño no toma dimensión de las consecuencias de las bromas que realiza” reflexionó Serrano y contó “había un señor oriundo de Turquía que tenía un almacén que abría a diario a las 4 de la tarde. Con mis amigos jugamos en el campito de enfrente y el señor, siempre con su mal humor, nos retaba. Un día encontramos un sapo y una culebra y se nos ocurrió colgársela de la palanquita de la persiana y esperar a ver que sucedía cuando abría el local”.
“Cuando el hombre levantó la persiana, se pegó un susto tal que se desmayó y nosotros nos fuimos corriendo Por suerte no pasó nada, pero aprendimos a nunca más hacer ese tipo de bromas” concluyo el actor.
Vos, ¿cuantas travesuras tenes?









