Desde el Hospital de Clínicas de la UBA alertaron sobre un fenómeno en crecimiento: las consultas por hígado graso se duplicaron en los últimos cinco años.
- El dato refleja un cambio de tendencia en las enfermedades hepáticas y enciende señales dentro del sistema de salud. Según explicó el doctor Esteban González Ballerga, jefe de la División de Gastroenterología del hospital, el hígado graso se define como una acumulación anormal de grasa en el hígado superior al 5%, asociada tanto al consumo excesivo de alcohol como a factores metabólicos.
En su variante no alcohólica, el especialista señaló que el 90% de los casos está vinculado a la obesidad y la diabetes, dos condiciones que vienen en aumento. Pero el principal problema no es solo su expansión, sino su forma de avanzar: “es un asesino silencioso”, advirtió, debido a que no presenta síntomas en etapas iniciales y suele detectarse cuando ya hay daño significativo.
El hígado graso se consolidó como la primera causa de trasplante hepático en Estados Unidos y la segunda en Argentina, según datos citados por especialistas. Desde la Sociedad Argentina de Hepatología también advierten que se trata de una de las principales causas de enfermedad hepática terminal.
Auge de patologías hepáticas
Este escenario se inscribe dentro de un cuadro más amplio de patologías hepáticas, donde las hepatitis virales siguen teniendo un peso importante. En el caso de la hepatitis A, se estima que casi el 90% de los adultos la cursó de manera asintomática, mientras que el resto de la población sigue siendo susceptible y requiere vacunación.
La hepatitis B, por su parte, tiene baja circulación en el país, pero puede derivar en cuadros graves que incluso requieran trasplante. Se transmite por contacto con fluidos corporales y puede prevenirse mediante vacunación, aunque no tiene cura definitiva.
En cuanto a la hepatitis C, presenta un desafío particular: en el 40% de los casos no se conoce su origen. Hoy, los contagios están principalmente asociados a relaciones sexuales sin protección y al uso de drogas endovenosas. Sin vacuna disponible, el punto clave es el diagnóstico, ya que los tratamientos actuales permiten la curación en el 98% de los pacientes.
“El diagnóstico temprano y la prevención son claves. Hoy contamos con herramientas eficaces y accesibles, pero el desafío es que la población consulte y se controle”, concluyó González Ballerga.
Frente a este panorama, los especialistas insisten en la necesidad de incorporar controles periódicos. Proponen una especie de “VTV del hígado”, un esquema básico que permita detectar de forma temprana cualquier alteración.
- Consulta con un gastroenterólogo o hepatólogo.
- La realización de análisis de sangre para evaluar anticuerpos.
- Una ecografía hepática que permita observar el tamaño del órgano y la posible presencia de grasa.
- También destacan la importancia de contar con el esquema de vacunación completo contra hepatitis A y B,
- Realizar el seguimiento de los tratamientos indicados
- Sostener una vigilancia médica regular.
Sin embargo, advierten sobre un problema recurrente: la baja adherencia a la vacunación en adultos, muchas veces postergada o directamente ignorada, lo que limita las estrategias de prevención.
El avance del hígado graso y de otras enfermedades hepáticas está estrechamente ligado al estilo de vida. En ese sentido, los especialistas remarcan que mantener una dieta equilibrada, realizar actividad física y moderar el consumo de alcohol son pilares fundamentales para el cuidado del órgano.
A esto se suma la necesidad de sostener prácticas sexuales seguras, especialmente en relación con la prevención de hepatitis virales.
Fuente: Pagina 12









