Lo advirtió el Programa de Atención a Inquilinos de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.

Según el organismo, los nuevos contratos se celebran con “un aumento del 30% inicial y ajustes semestrales del 18%, acordados por las cámaras inmobiliarias; es decir, el mercado está previendo una espiral inflacionaria de más del 50% anual”.

Fernando Muñoz, titular de Atención a Inquilinos, explicó a la prensa que “esto es producto de una legislación regresiva y retrasada, con contratos cortos, sin compromiso de prórroga, sin obligatoriedad de parte del propietario de tener que avisar al inquilino si va a renovar o no en un plazo razonable, etcétera. Esto conforma un combo al final del contrato que genera un círculo especulativo. Sobre todo porque los plazos son cortos y el precio es libre y, además, el Estado no opina, ni propone y ni registra estos contratos; es decir, el Estado ni siquiera sabe si estos contratos se están haciendo de forma legal o no”.

Muñoz observó que las familias que alquilan destinan al pago del alquiler hasta el 50% de sus ingresos. “Es la erogación más importante que tiene esa familia y no hay aún un marco regulatorio mínimo, que al menos permita al Estado recuperar la facultad de fijar el valor del aumento. El Estado, con una sola legislación, podría igualar las condiciones del alquiler de viviendas en todo el país”, amplió.

Los relevamientos de la Defensoría de la Ciudad se basan en contratos firmados en la Capital Federal “de acuerdo a la atención personalizada que realizamos en el Programa”. Estos datos indican que en los últimos dos años los alquileres aumentaron un 110%. “Quien pagaba 10 mil pesos en diciembre de 2017, ahora paga $ 21 mil”, indica el informe.

De acuerdo con el estudio, “el 40% de los inquilinos tiene problemas para pagar el alquiler”. Al respecto, Muñoz indicó que “de los 300 casos que nos llegaron, concluimos que cuatro de cada diez inquilinos tienen dificultades concretas para pagar el alquiler. No nos sorprenden estos resultados”. El especialista agregó: “Es un círculo descendente en el deterioro de la calidad de vida”.